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jueves, 6 de julio de 2017

UNA ORACIÓN DE SANACIÓN

Señor mío, aumenta mi fe de tal modo que yo siempre pueda fiarme de tu providencia y de tu infinito poder para alcanzar todos mis objetivos.

Bendice a cada uno de los que amo y que me ven como su apoyo, no quiero fallarles. Cobija mi corazón y dame fuerzas para ser luz para todos ellos.

Que a través de mis acciones, Tú les hagas sentir todo el poder sanador de tu perdón y de tu amor y que pueden superar cualquier problema a tu lado.

Quiero vivir y sentir tu presencia en mi vida. Ábreme el corazón al perdón para desechar todo resto de dolor que me hace guardar rencor.

Quiero renovar hoy mi alianza Contigo. Confiar en tus bendiciones, en que me proteges con tu divino amor para que ningún mal pueda hacerme daño.

Sé que no me abandonarás, aunque vuelva a fallarte una y otra vez, y mis errores me pesen de por vida. Tu poder me levanta y me brindas vida nueva.

Tú eres mi Refugio que purifica y santifica mi corazón. Te pido que abras caminos de esperanza para mí y me ayudes a vencer las dificultades.

Necesito de la guía de tu Espíritu Santo para poder corresponder con amor a todas tus obras y descansar feliz en tu presencia. Amén

lunes, 5 de junio de 2017

ORACIÓN

Puedes hacer esta experiencia que a mí me ha dejado una profunda huella. Llegas a la oración, te sientas en un sitio tranquilo, ante el sagrario por ejemplo, o en tu celda, cierras los ojos y diriges tu espíritu hacia tu corazón, es decir, hacia lo más profundo de ti mismo. Entonces llama al Espíritu con gran insistencia, y luego repites despacio: “Jesús, ten misericordia de mí”. Tendrás que volver a traer tu entendimiento a las palabras, rechazando las palabras inútiles, aún las que conciernen a las cosas de Dios. De tiempo en tiempo, hacer unas pausas en silencio sin decir nada, o entrecortar tus palabras con profundos silencios. Y luego, en el momento en que menos lo pienses, en un segundo plano de tu conciencia, detrás de tu mente, mucho más allá de tus ideas y de tus sentimientos, sorprenderás que la oración está en marcha en ti. Incluso te sucederá a menudo que se te imponen luces referentes a tu vida, que te da Dios sin que tú lo sepas, o decisiones que debes tomar. Es el dulce murmullo del Espíritu que educa tu corazón y le conduce hacia la verdad eterna. (Jean Lafrance)